Las víctimas principales suelen ser chicas de entre 11 y 18 años, pero se da en edades menores y cada vez hay más varones que sufren por la figura que les devuelve el espejo.

Si bien la bulimia y la anorexia preocupan todo el año, a medida que el verano se aproxima, estos trastornos alimentarios suelen aumentar aún más.En los últimos 60 años, la incidencia de la anorexia ha aumentado exponencialmente al igual que otros trastornos de la alimentación. El Ministerio de Salud estima que la prevalencia de la anorexia en Chile va desde un 0,5% a un 3% en adolescentes y mujeres jóvenes de entre 10 y 25 años, donde la edad promedio de desarrollo de enfermedad es a los 13 años.

Comúnmente oímos hablar de la anorexia o de la bulimia, pero se desconocen otros trastornos alimentarios importantes como la denominada pica, o la rumiación en niños.

La primera, la pica, implica la ingesta de cualquier sustancia que no sea nutritiva para el organismo por más de un mes (arena, polvos, detergente, pintura, entre otras), y suele presentarse en niños o mujeres embarazadas. La presencia de pica se asocia con la falta de hierro en el organismo, pero también se relaciona con ambientes muy vulnerables y dañinos.

Por otro lado, la rumiación se presenta comúnmente en niños e implica la masticación continua del alimento y su regurgitación durante un lapso que supera un mes. Este trastorno se presenta consecuencia de la incapacidad del niño en regular su malestar interno, asociándose a pequeños muy ansiosos.

La bulimia y anorexia aumentó notablemente en los últimos años. Cada cinco chicas, una tiene problemas en la visión de su cuerpo. Esta “’enfermedad de la imagen’ aumenta entre septiembre y marzo, y la relación entre mujeres y hombres que la padecen es 20 a 1, aunque muchos ya detectan una escalada de casos también entre los varones.

Desde la Asociación de lucha contra la bulimia y la anorexia (Aluba) aseguran que durante el verano crecen hasta un 20% las consultas por casos de este tipo, y fundamentan esto en que las vacaciones disparan la preocupación por la figura, lo que hace que muchas personas se vuelquen en forma intensiva -y sin tomar los recaudos necesarios- al gimnasio o a las dietas que prometen hacer bajar unos cuantos kilos en pocos días.

Lo de la época del año no es menor. Tampoco lo de las diferentes modas que confirman una tendencia entre los adolescentes cada vez más peligrosa. Bikini bridge (el hueco que forma el bikini apoyado en los huesos de la cadera), thigh gap (separación de muslos internos al estar de pie con las dos rodillas juntas), A4 challenger (sacarse una selfie demostrando que tu cintura no mide más que el ancho de la hoja puesta de manera vertical), ab crack (o diástasis abdominal, convertir la musculatura abdominal en dos porciones separadas por una hendidura continua) son sólo algunas de las nuevas modas que circulan entre las adolescentes para demostrar que están cada vez más flacas.

“El problema es grave y de todo el año -advierten en Aluba-, pero no se puede pasar por alto el efecto estacional, acaso más intenso en el sexo femenino y en las adolescentes. El problema genera que las familias se acerquen a las instituciones médicas para realizar consultas sobre patologías alimentarias de modo cada vez más frecuente. Quizá no lo hacen al principio, cuando escuchan a sus hijos hablar de dietas y de cuidarse con la comida. Pero luego empiezan a notar ciertos aspectos patológicos y se preocupan”.

Sobre esto, los especialistas hacen hincapié en que el cambio de temperatura es un estímulo y puede, por lo tanto, “precipitar el hecho de que alguien comience una dieta excesiva restringiendo notablemente las ingestas y muchas veces entrando en un estado de desnutrición con tal de conseguir un adelgazamiento repentino”.

Si bien no hay estadísticas oficiales en el país sobre qué porcentaje de la población padece estas problemáticas, se calcula que en el mundo hay alrededor de 70 millones de personas que sufren de patologías alimentarias, y que en las mujeres se da en un 85%. Las conductas patológicas de quienes la padecen, se asegura, no permiten percibir con facilidad una señal de alerta que indique una posible enfermedad. El comer a escondidas, por caso, impide detectar un acto de voracidad, así como el atracón o el abuso de laxantes, diuréticos o anorexígenos.

En opinión de la fundadora de Aluba, el culto al cuerpo “tiene como objetivo mostrarse deseable. Pero estas personas no se dan cuenta que, al igual que le sucedió a Narciso, esta admiración viene acompañada de un espejo de agua donde el propio reflejo puede llevarte a la muerte”.

Los expertos coinciden en que los trastornos alimenticios se pueden tratar exitosamente y se puede restablecer un peso saludable siguiendo una rutina de alimentación responsable, y señalan al respecto la importancia de que cuanto más pronto se trate es más probable que haya mejores resultados.

Uno de los conceptos fundamentales que hay que tener claros para entender este tipo de trastornos, es que se trata de una enfermedad y no de una simple manía o capricho de quienes la padecen. El gran error que se comete es creer que las personas caen en esta enfermedad por gusto; el punto entonces es entender que el tema pasa por cómo las personas van manejando las distintas experiencias de la vida.

En este sentido, se requiere de un tratamiento integral que conste de un nutricionista, psicólogo o psiquiatra para que exista un buen diagnóstico.

Referencia: Bíobío Chile

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